¡Qué horrible fue visitar a mi amiga en el hospital! Mi esposo la estaba cuidando. Retiré mis fondos y los congelé…

«Mi amor, he llegado a Valencia. Estoy agotado. Me voy a dormir. Besos. Te quiero».
Me reí, una risa seca, aguda y sin humor.
Luego escribí mi respuesta con perfecta compostura.
«Vale, cariño. Que duermas bien. Dulces sueños, porque mañana podrías enfrentarte a una realidad sorprendente. Yo también te quiero».
Enviar.
Y mientras la pantalla se apagaba, una sonrisa irónica apareció en mis labios.
El juego había comenzado oficialmente.